Hace ya algunos años, de manera definitiva y sin cuartel, decidí, totalmente consciente de limitaciones y con unas influencias artísticas muy marcadas, que intentaría no ser uno de esos adocenados artistas, fácilmente clasificables, atrapados en estéticas personales de otros, anclados en movimientos de otras épocas, de discurso mudo y provocación fácil, excesivamente planificados, mendigando ayudas, arribistas, y sólo, con un montón de problemas  técnicos y económicos.

 

En el arte me inclino por el shock, la duda, la contradicción, el matiz, lenguajes desarticulados, preguntas sin resolver, la incomodidad, la cagada, momentos sublimes, delirio, castillos de arena, espejismos, desequilibrios, sentimientos, emociones, polisemia, falsedad, ilusión, engaño, magia, robo...

 

Convencido de que el arte es un pasatiempo con pretensiones, a la vez que un juego maravilloso y maravillosamente inútil y un antídoto perfecto para maquillar, disfrazar y camuflar la cruda realidad. 

 

Fragmento extraido de Brisa de secador

 

 

(Foto: Dani del Sol)